El sushi que me hizo quedarme
El sushi que me hizo quedarme
Por @irafa_el
Las Palmas de Gran Canaria, julio 2025
A veces uno no elige un restaurante. El restaurante te elige a vos. Eso me pasó con Umare Sushi, en la Calle Venegas, a pasos del centro de Las Palmas. Llegué sin expectativas y salí con una certeza: este se convirtió en mi lugar favorito para comer sushi.
Lo que propone Umare no es simplemente cocina japonesa. Es una experiencia sensorial que toma la tradición y la transforma con creatividad, sin perder la esencia. Desde el primer bocado de la ensalada Sunomano, supe que estaba en un lugar distinto. Refrescante, ligera, con ese equilibrio entre lo dulce y lo ácido que despierta todo el paladar.
El Tonkatsu 2.0 fue una sorpresa: crujiente, potente, moderno. Me hizo sonreír. Y los nigiris... bueno, ahí me rendí. Nigiris flambeados, de foie, con caramelizados que acarician el gusto. Cada uno parece una pequeña obra de arte que se deshace con la precisión de lo bien hecho.
Probé también los rolls de pollo satay, el carpaccio de atún rojo, y claro, el final dulce: un cheesecake de matcha y pistacho que no puedo describir sin quedarme corta. Fue como cerrar los ojos y entender que la fusión también puede ser emoción.
En Umare hay respeto por la cocina japonesa, pero también valentía para innovar. No se trata de inventar por inventar. Se trata de encontrar ese punto en el que la tradición se reencuentra con la sorpresa. Y eso, en cocina, es muy difícil de lograr.
Me gusta pensar que los lugares nos marcan por lo que nos hacen sentir. Y Umare Sushi me hizo sentir como en casa, pero mejor: como en casa cuando todo sale perfecto.
Ya lo decidí: este no fue solo un almuerzo. Fue el inicio de una relación larga.
umaresushi.com | Calle Venegas, 8, Las Palmas
Reserva: +34 674 29 68 45
El verano que se come en colores
Por @irafa_el
Gran Canaria, julio 2025
Hay veranos que se sienten en la piel. Otros, en cambio, se viven en el paladar. Y este fue uno de esos. No exagero cuando digo que el menú de Mr. Kale en Gran Canaria fue una de esas experiencias gastronómicas que te reinician el alma. Porque sí, cuando el calor aprieta, uno agradece no solo una bebida fresca, sino también una cocina que combine sabor, frescura y belleza.
Empecé suave, como se empieza todo lo bueno: con una bebida que no recuerdo por su nombre, pero sí por su efecto inmediato. Limón, hielo, algo más que no supe identificar y que, honestamente, me dio igual. Lo importante es que mi cuerpo dijo gracias. Y luego, sin esperar demasiado, llegaron los protagonistas: los hummus.
Tres sabores. Tres colores. Una locura.
Servidos con pan pita calentito y bastoncitos de zanahoria, fue una entrada digna de verano mediterráneo. Cada hummus tenía su propia personalidad: uno clásico, otro con remolacha y uno especiado que todavía no logro descifrar del todo. Pero qué importa. El juego estaba en probar, adivinar y volver a mojar el pan.
Después vino el poké de atún. Cargado, fresco, con texturas crujientes y sabores que explotan en cada bocado. Me hizo pensar que el equilibrio no es una palabra grande cuando se habla de comida. Es posible, y está en platos como este.
Y sí, también hubo carne. Costillas que se deshacen, jugosas, sabrosas, casi un abrazo en forma de plato caliente. Pero si tengo que ser honesta, mi corazón se lo llevó el postre: un bol de açaí (la fruta de Brasil que nunca decepciona), con sirope de pistacho y toppings que me enloquecieron. Fue como cerrar el día con una caricia dulce que no pesa.
Salí de Mr. Kale con esa sensación de haber comido bien, pero sobre todo de haber estado en un lugar donde la comida se piensa, se cuida y se celebra.
Si este verano tiene un sabor, yo ya lo encontré.
@mrkaleoficial
Cocina honesta, ambiente con estilo
En cuanto a la propuesta culinaria, La Solana apuesta por una cocina de autor de base mediterránea, con productos frescos y elaboraciones bien estructuradas. Cada plato llega al comensal con presentación precisa, porciones adecuadas y sabores que respetan el producto. Probé un menú equilibrado entre lo clásico y lo creativo, donde se percibe que detrás hay criterio y formación, pero también respeto al comensal.
Lo que más destaco es la honestidad de la cocina. Aquí no hay pretensión: hay claridad, técnica y buen gusto. A eso se suma un servicio cercano, cordial y atento sin resultar invasivo, lo cual redondea la experiencia.
